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Cultura Castreña (O Facho y petroglifos)

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Vestigios de la cultura castreña y romana

Durante la ocupación romana de Galicia, el Morrazo pertenecía al convento Bracarense (con capital en Braga) y la población indígena que habitaba estas tierras entre el río Lérez y la ría de Vigo, estaba incluida en la tribu de los Helleni, nombre que no debe inducir a creer que eran pueblos de colonización griega. 

Estos indígenas vivían en poblados llamados castros que eran murallas circulares o elípticas hechas de piedras y tierra en lugares altos, dentro había casas y constituyen los poblados de la época prerromana y romana.

En Cangas destacan los castros de O Castelo en Darbo, Liboreiro en Coiro y O Facho en Hío. En estos castros se encontró cerámica y aras de la época romana dedicadas a dioses indígenas. De todos ellos merece especial atención por ser único no solo en Galicia sino en la Península Ibérica «O Facho en Hío». En el monte de Facho, encontramos el Santuario del dios  «local» al que se le pedía salud. De la época romana está la llamada vila Pipín y tres piscinas encontradas en la playa de Pinténs que se dedicaban a la salazón de pescado.

 

O Facho

O Facho

En el extremo occidental de la Península del Morrazo, individualizado de su contorno y elevado sobre el océano, el Monte Facho acogió a lo largo de los siglos distintas expresiones de la vida en la comarca, que el sonido también de la Historia de Galicia.

En primer lugar, desde el siglo X la.C. hasta el siglo VII la.C., existió un poblado en la ladera este del que a penas tenemos información salvo la de su excepcional tamaño.

A partir del siglo VI la.C. surge el castro galaico, poblado fortificado que subsistirá hasta el siglo I la.C. De él aun podemos ver parte de las murallas, el foso, las piedras que conformaban sus viviendas y que hoy cubren las laderas del monte, los vertederos de basura en las márgenes del poblado o la topografía actual del monte que deriva tanto de la construcción misma del poblado cómo de la configuración natural.

Posteriormente, un santuario levantado sobre la cumbre va a recoger las viejas creencias de los que habían vivido en el castro, para dotarlas a lo largo de los siglos II al IV d.C., de un nuevo carácter, ahora marcado por el proceso de asimilación de la cultura latina en la región del imperio romano, llamado Gallaecia. Finalmente en el siglo XVIII se construye el puesto de vigilancia costera con fines militares del cual está en pie la garita.

 

Santuario galaicorromano del monte Facho

Santuario galaicorromano do monte FachoCoronando el Monte Facho encontramos un santuario dedicado a un dios del panteón galaicorromano desconocido para los investigadores. No hay ninguna interpretación posible para el dios que fue venerado allí. Todo lo que aparece escrito en las aras es que es un "dios lar", es decir, un dios doméstico, local.

El santuario, convirtió al Monte do Facho en un gran centro de peregrinación que permanece activo entre los siglos II y IV aC. Se disponía en una zona inclinada que rodea la parte superior de la colina.

Eran altares humildes, que en su mayor parte no superaban el metro de altura, –aunque algunos superaban el 1,70 m–, con inscripciones concretas y parciales, las cuales sugieren que se dejaban para pedir por el sentido más amplio de la palabra "salud "de los oferentes.

La inscripción, en latín, es siempre la misma: «Deo lari Berobreo aram posuit pro salute».

Hay 161 altares, acumulación que motivó la tendencia de los monumentos a ser estrechos y altos, formando lo que parecía un "bosque de aras".

En ninguno otro yacimiento de la península se encontró tal número de aras. Algunas las recuperaron Enrique Massó en 1963 y Suárez Marino y su hijo José. Están depositadas en el museo de Pontevedra y en el Quiñones de León, de Vigo.

El resto de las aras, 119, se descubrieron en las sucesivas campañas realizadas desde lo 2003, en las que participaron un equipo de arqueólogos gallegos y especialistas del Instituto Arqueológico Alemán, con José Suárez a la cabeza.

Lo que no es leyenda es la herencia que el dios pagano dejó a San Andrés. Hasta los años treinta del siglo pasado, Hío era lugar de peregrinación al estilo de Santa Marta o A Pobra, con ataúdes y enfermos de todo tipo, procedentes de distintos lugares del sur de Galicia.

El santuario de Facho fue abandonado sin violencia y nunca más se volvieron a realizar ritos en el lugar. Todo indica que el culto al dios pagano, tras sufrir un proceso de cristianización, fue absorbido por San Andrés.